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lunes, 24 de noviembre de 2008

(BR) INSTITUTO BUTANTAN (Sao Paulo) - Mis amigas las serpientes (2a. parte)

Al escribir la nota anterior, no pensé que iba a tener una 2a. parte, pero la casualidad quiso que encontrara el video que aparece abajo, donde se ve casi todo lo que comenté.

No tiene ninguna escena que pueda impresionarle, así que, salvo que realmente las serpientes le produzcan fobia, le sugiero que lo vea.

El video está hablado en portugués, pero aun si usted no lo entiende puede apreciar las imágenes.

Las serpientes tienen mala prensa, pero son muy bellas y si existen es porque son necesarias para el equilibrio de la naturaleza.

sábado, 22 de noviembre de 2008

(BR) INSTITUTO BUTANTAN (Sao Paulo) - Mis amigas las serpientes

Nunca pude entender eso de “ama a tu prójimo como a ti mismo” que durante varios años me instaron a hacer desde la cátedra de religión del colegio al que asistí. ¡Qué va!

Para mí el prójimo es una idea abstracta, un concepto vacío, algo así como un número, y lo de amarlo siempre me sonó a “ponte al servicio de la raíz cuadrada de 2”, “ríndete a los pies de la cuadratura del círculo”, “sé generoso con el sistema binario”, un absurdo, bah, porque nadie puede amar al Prójimo, si se entiende por tal a todos los individuos de la especie humana que pululan por el planeta.

Pero lo que nunca trataron de inculcarme las sapientísimas educadoras monjas que pretendían hacer de mí una buena cristiana fue el amor y el respeto a los animales, que también son mis prójimos…
De modo que ninguna de ellas tuvo éxito conmigo, pues así como no entiendo lo del prójimo anónimo, no respeto a nadie que no respete la Vida.

Espero, sinceramente, que a estas buenas señoras que hicieron todo lo posible para deformar mi mente y arruinaron parte de mi adolescencia con su mezquindad y estupidez, su Dios las haya perdonado y las tenga con Él (y espero que si tal dios existe las retenga ad cautelam, per sæcula sæculorum, ¡ad gloriam!, que por aquí nunca hicieron falta).
¡Fuera, monjas, pesadillas de mi memoria! RIP.


MIS HERMANOS, LOS ANIMALES

A mí lo del amor al prójimo se me hizo carne como amor a los animales no humanos, porque son indefensos ante el soberbio y depredador homo sapiens y su sufrimiento me conmueve hasta los tuétanos, aunque no conozca a cada individuo particular (sostengo esto a sabiendas de que parece una contradicción con lo dicho más arriba); y además, haciendo caso omiso de alguna pulga y mosquito que me han picado y de alguna que otra polilla que se manducó mi ropa, o peor, mis libros, los animales jamás me hicieron daño, ni siquiera las serpientes, que alguna he tenido enroscada alrededor de mi espalda y de mi cuello y me dejó una deliciosa sensación, inolvidable.

Y de las serpientes trata esta nota, pues a ellas fui a visitar al Instituto Butantan, durante mi corta estancia en Sao Paulo.

EL INSTITUTO BUTANTAN

Fue fundado en 1901 y dicen los brasileños que es uno de los centros de estudio de serpientes venenosas más importantes del mundo.

A mí no me consta, pero puedo creerlo pues el Instituto en sí está compuesto por varios pabellones, cada uno con una especialización diferente –Museos Biológico, de Microbiología, e Histórico–; todos en medio de un hermoso y gigantesco parque (en Sao Paulo todo es enorme...).
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Dicen también que alberga unas 60.000 serpientes vivas y que a veces se puede ver cómo les extraen el veneno, con el que luego elaboran suero antiofídico para todo el Brasil. Pero yo no tuve esa suerte y hube de conformarme con ver las “cobras” –así llaman en portugués a las serpientes en general– que muestran en el pabellón del Museo Biológico, abierto al público.

EL SERPENTARIO

En el Museo Biológico residen unas 50 ó 60 serpientes de diferentes especies, además de iguanas, tortugas de agua, arañas, sapos y peces tropicales; todos en un ambiente climatizado, en semipenunbra, y en hábitats artificiales que tratan de imitar los naturales de cada una de las especies.
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El lugar está muy cuidado y se nota que los animales están bien.

Claro que viven en cautiverio y que toda jaula es, por definición, pequeña... pero, en fin, esas “cobras” están allí cumpliendo una función: proveen veneno para que los médicos puedan elaborar el contraveneno de cada especie y así salvar muchas vidas humanas, que son tan valiosas (¿o acaso si a usted lo mordiera una víbora no le interesaría que le inyectaran el suero antiofídico?), y son bien tratadas.

En síntesis, me gustó mucho el serpentario y solo lamento no haber podido tocar a las moradoras, pero la restricción es más que comprensible.
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CAMPAÑA EDUCATIVA

Pero hubo algo que me gustó todavía más: en el Museo Biológico están haciendo una campaña educativa tendiente a que el público desarrolle simpatía hacia las pobres serpientes, criaturas de Dios pero católicamente anatematizadas.

Hay un sector que agrupa a los ejemplares que nacieron allí, en cautiverio, y delante de cada recinto hay cartelitos que “hacen hablar” a la “cobra” y contar cómo es su historia.
Aquí le muestro uno de ellos:
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(Somos dos hijitas nacidas en el Museo Biológico, pero de edades diferentes. Mi mamá ya tuvo cuatro nidadas, totalizando 26 hermanos. Algunos de nuestros hermanos ya están expuestos en el Museo y los más pequeñitos fueron a vivir en el Zoológico de Sorocaba. Esto sí es una "Gran Familia").

Además, últimamente han ideado hacer concursos para que los visitantes, niños y adultos, les elijan nombres a los “filhotes” (los pequeñines, los “nenitos” cobras).

Es lo mismo que hacen en los zoológicos de diferentes lugares del mundo con las crías de los animales considerados “simpáticos”, pero en el Instituto Butantan se proponen lograr que se extienda ese sentimiento hacia estos bichitos que, Biblia mediante, gozan de la peor leyenda negra y de muy mala prensa, y a mí esto me parece una idea excelente.

Así, luego del primer concurso, en el que participaron 1.137 visitantes, el bello ejemplar de la foto ganó su nombre, elegido por 56 de los votantes: JUJUZINHO.
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CEREMONIA DE BAUTISMO

Jujuzinho es una “jibóia” (boa constrictor constrictor) nacida en el Instituto Butantan el 19 de marzo de 2008, y fue bautizada el sábado 4 de octubre, día de San Francisco de Asís, protector de los animales, en una ceremonia en la que estuvieron presentes los padrinos –que recibieron un certificado– y en la cual, para animar la atracción, fue cortada una torta con la foto de Jujuzinho.
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Pero la campaña educativa del Instituto Butantan no empieza con lo aquí narrado, sino antes (antes en el tiempo y antes de entrar a los pabellones).

En medio del parque donde está el Instituto hay un serpentario al aire libre.

Es un gran recinto armado dentro de un foso, con tres o cuatro divisiones, que el público puede mirar “desde arriba”; ese recinto está cercado en parte con materiales de construcción y en parte con vidrios, pero no está techado.
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Allí, “cobras” de distintas especies viven un poco más cómodas que sus hermanas del museo –o al menos en un espacio bastante grande–, sobre la tierra, con árboles, plantas, pequeños cursos de agua, y con solo una desgracia cotidiana: las visitas de los humanos.

Así que las autoridades del Instituto se han visto en la necesidad de poner un ilustrativo panel, que a continuación le muestro completo y en detalle:
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En el panel está pegada la basura que las personas arrojan al serpentario (las manchas pequeñas son chicles).

Los cartelitos de las esquinas dicen:

¡Cada día encuentro una basura diferente aquí adentro!

Preciados visitantes: Favor de no tirar basura dentro del serpentario. "TODOS LOS ANIMALES MERECEN RESPETO, INCLUSIVE LAS COBRAS"

jueves, 20 de noviembre de 2008

BIENAL de Sao Paulo - 2008

Aclaración preliminar:
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Para taparles la boca a mis opositores -que los tengo-, comienzo declarando formalmente que soy una mala bestia que nada sabe de arte, o comoquiera que se les llame a las modernas expresiones estéticas (?).
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Digo esto porque voy a exponer aquí mis opiniones personales, cosa que creo tengo derecho a hacer pues, según mi modesto parecer, no le hago daño a nadie con mi manera de entender/no entender esas expresiones.
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Así que si os gustan, bien, y si no, pues mala suerte.
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Y ahora sí, comienzo mi relato.
Estuve aquí:
Como véis, la Bienal de Sao Paulo se llama así: BIENAL, solo BIENAL, es decir, que se produce cada dos años; de arte, nada. ¿O acaso lo dice?
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Supongo que lo de asociar la Bienal de Sao Paulo con una bienal de arte deviene de cierta analogía con otras exposiciones -por ejemplo la Bienal de Venezia-, o de asimilar la sala donde se realiza la de Sao Paulo con los museos de Arte Moderna y de Arte Contemporánea que se encuentran en el mismo predio, en el Parque Ibirapuera; pero, como sea, se hacen allí exposiciones de algo que algunos llaman arte y que yo no entiendo.
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LA HISTORIA ES COMO SIGUE
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La muestra Bienal de Sao Paulo, 2008, está dando que hablar, y mucho.
El edificio está formado por tres plantas.
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En la planta baja hay áreas de servicios (guardarropa, baños, bar, etc.) y los sectores restantes están destinados a la exposición.
Puede uno trasladarse de un piso a otro mediante las rampas que véis en las siguientes fotos...
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...o bien mediante unas estrechas escaleras mecánicas.
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Pero como para llegar desde la planta baja hasta la segunda planta -la más alta- es imprescindible pasar por la planta del piso intermedio, el asombro y/o la bronca se adueñan del ánimo de los visitantes que descubren que la sala del primer piso está completamente vacía.
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Dicho así puede parecer una zoncera, claro, pero resulta que esa sala tiene la friolera de 12.000 metros cuadrados... ¡vacuos!
Solo están las columnas que sostienen la estructura y la escalera mecánica.
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Para que os déis una idea: 250 m de largo por 44 m ancho, aproximadamente, tomada la medida del ancho con pasos de hombre y deducida la otra.
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Aquí os la muestro: UNA VERDADERA MARAVILLA, y lo digo sin ironía, ¡que conste en actas!
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Y ahora os transcribo parte de una nota aparecida en EL PAÍS.com – CULTURA, pues en ella está muy bien expresado lo que ví y sentí, y como además está bien escrita, pues aquí va:
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São Paulo, la bienal del vacío
Un espacio sin obra es la propuesta más rompedora de la edición -
Se busca evidenciar la crisis del arte -
El resultado irrita y entusiasma por igual
ÁNGELES GARCÍA - São Paulo - 24/10/2008

Los 12.000 metros cuadrados de la segunda planta de la Bienal de São Paulo parecen el aparcamiento de un aeropuerto moderno a la hora de menor tráfico aéreo. Un vacío total. Solo roto por dos filas de columnas y cercado por grandes cristaleras a las que se asoman azaleas gigantes. Tal como había anunciado hace meses el comisario de la cita, Ivo Mesquita, la propuesta de este año es la nada. Con este gesto se pretende evidenciar la crisis del arte actual. De ese modo, cada cual puede imaginar su propuesta. O, quién sabe, quedarse con la mera experiencia arquitectónica.

Puede ser, como sucede mucho en el arte últimamente, el colmo de la democracia cultural. O el colmo de la cara dura. "En el mundo hay más de doscientas bienales", argumenta Mesquita, "que parecen estar interesadas en ver cuál es más grande. Creo que en este momento, una bienal solo tiene sentido si demuestra capacidad analítica y crítica".

En las otras dos plantas que conforman la propuesta, sí hay obra. La de 42 artistas procedentes de 22 países. (…)

El pabellón de la bienal, uno de los edificios más espectaculares y representativos de Óscar Niemeyer, está en la zona alta de São Paulo. Imponente y rodeado de vegetación, la paz que forman el blanco y el verde se rompe permanentemente con el tráfico infernal que desde primera hora sufre esta ciudad cuya área metropolitana pasa de los 23 millones de habitantes. Pese al molesto concierto de motores, el ruido de los helicópteros que desplazan a los ejecutivos o el fuerte olor a gasolina quemada, ni la polución ni otras molestias del mundo contemporáneo son los temas de esta bienal. Ni ruido ni olor. La estrella es el vacío. Ivo Mesquita aclaró ayer que su propuesta de jugar con el vacío no tiene nada que ver con la crisis económica ni con la que sufre esta institución. "Esa segunda planta está llena de luz. Es una invitación a crear y a imaginar. Creo que es una experiencia arquitectónica que juega con el edificio de Niemeyer. Así hay que verlo". (...)
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Hasta aquí la nota aparecida en EL PAÍS.com, que comparto, excepto en cuanto a que en las otras dos plantas que conforman la propuesta, sí hay obra.
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Eso sí que no lo admito: en las otras dos plantas hay basura, porque habéis de saber que si lo que allí muestran son obras, pues yo soy Nat King Cole -y os invito a que miréis mi foto al costado derecho del blog para que os convenzáis...-.
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Lo primero que se ve al acceder al sector de exposición de la planta baja, es esto:
La muestra que "abre" la exposición es la que está en el piso: una colección de basura, pero basura de verdad, no vayáis a creer que estoy exagerando: etiquetas/marbetes de diferentes productos, bolsas de plástico de las que entregan en las tiendas para trasladar la mercancía -bien estiraditas, eso sí-, latas vacías, etc., es decir, las cosas que desecharíais luego de consumir algo pero -he de admitir- todo cuidadosamente acomodado... y el artista, para no ser menos, se expone junto a su obra (es el pelado que está de frente, a la izquierda según véis la foto, junto a una columna - ¿se considerará una basura más? - Si os provoca saber quién es, podéis buscar en la web, que hasta hay videos de YouTube).
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Y de otras formas estéticas o antiestéticas semejantes está llena la Bienal.
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En la planta más alta fotografié esta:
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La manchita que apenas se aprecia casi en el centro, en la mitad superior de la foto, a la izquierda de la columna, es esto:

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Y puesto que resto de la exposición reúne adefesios del mismo estilo artístico...
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¡QUE VIVA EL ESPACIO VACÍO!