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sábado, 23 de febrero de 2008

QUEDARSE EN PAMPA Y LA VÍA

UN DICHO DE LOS BURREROS

-nota elaborada con la inestimable colaboración del Alacrán,
que ha prometido acudir a la Academia de la Historia y a los archivos del diario La Nación, a fin de obtener las precisiones que aquí faltan-


“Quedarse en Pampa y la vía” es un dicho de uso corriente –al menos en Buenos Aires–, pero tal vez no son muchos los que saben que tuvo su origen en el pueblo de Belgrano, en las inmediaciones de los hipódromos.

Ya desde mediados del siglo XIX se corrían por allí carreras cuadreras, muchas veces en la calle, algunas en el “camino de las cañitas”, y pronto comenzaron a aparecer los hipódromos, que fueron, al parecer, no menos de cuatro (los historiadores no se ponen de acuerdo).

Pero lo que es seguro es que, además del Hipódromo Argentino, conocido como el “de Palermo”, inaugurado en 1876 y que todavía existe en su emplazamiento original, existió el Hipódromo Nacional, en el predio que hoy ocupa el Club River Plate y las adyacencias.


Todos esos hipódromos han dejado su impronta en el actual barrio de Belgrano. Basta con darse una vueltita por el “bajo” para descubrir los studs, algunos de los cuales aún siguen funcionando, y otros que han sido transformados en escuelas de equitación y hasta en restaurantes, pero en los que todavía se puede ver la arquitectura inglesa original: un patio central rodeado de los boxes para los caballos.

El Hipódromo Nacional ha desaparecido pero ha dejado su huella, precisamente, en el dicho que da título a esta nota. Sucedía que para llegar hasta el lugar había que tomar un tranvía, que cubría el trayecto desde las Barrancas de Belgrano hasta el predio del hipódromo.

Es decir, desde Pampa y Av. Vértiz, junto a las vías de la estación Belgrano C del actual Ferrocarril Mitre, hasta el hipódromo; y vuelta a Pampa y la vía.

Pampa y la vía es en las Barrancas de Belgrano, junto a las vías del tren, que en ese tiempo se llamaba Ferro Carril del Norte.

El tranvía en cuestión era un ramal comúnmente llamado "la Combinación", que al decir del Dr. Julio A. Luqui Lafleyza, partía de Pampa (hoy La Pampa) y Av. Vértiz, iba por Pampa hasta la calle Blandengues (hoy Av. del Libertador), y seguía por ésta hasta Republiquetas (hoy Av. Crisólogo Larralde), con lo cual pasaba por delante del Hipódromo Nacional; subía por Republiquetas hasta Cabildo, seguía hasta Monroe y por ésta llegaba nuevamente a Blandengues, hasta Pampa, para terminar en Av. Vértiz.

Este este tranvía vendía pasajes de ida y vuelta -costaban diez centavos-, para que los burreros que habían perdido todo su dinero apostando a los pingos no se quedaran varados en el hipódromo.
En ese tiempo, volver hasta Pampa y la vía era acercarse un poco a la "civilización". Después tenían que arreglárselas de cualquier modo para llegar a sus casas.

De entonces viene la expresión QUEDARSE EN PAMPA Y LA VÍA como sinónimo de quedarse desamparado y sin un centavo, abandonado a la buena de Dios.

sábado, 16 de febrero de 2008

Virreyes del Río de la Plata


LOS VIRREYES
unos hombres que se convirtieron en calles
–responsable ideológico: el Alacrán
(Le di esta changa para que morigere sus invectivas).


Vaya uno a saber por qué extraña metamorfosis esos señores de carne y hueso que vinieron al Virreynato del Río de la Plata representando al rey de España, los virreyes, se convirtieron en calles.

Pero lo cierto es que por ahí andan, desparramados por toda la ciudad de Buenos Aires, haciendo gala, todavía, de sus títulos de virreyes.

Esperemos que no estén tramando ninguna vuelta de la monarquía –aunque tal vez no sería del todo malo (?)–, porque quienquiera que recorra el elegante barrio porteño de Belgrano podrá descubrirlos allí reunidos. Sin mucho esfuerzo encontrará a Avilés, Olaguer y Feliú, Arredondo, Loreto, del Pino, y a uno agrandado, que no se conformó con simular ser una calle y aparece como avenida: Vértiz.

Otros andan entreverados –seguramente para despistar y que no puedan acusarlos de asociación ilícita–, como Melo (una cortada a la altura de J.B.Justo al 7300); Liniers (que como no fue muy querido por los realistas españoles, en plan tal vez de volver y por si quisieran fusilarlo de nuevo, se esconde, y hay que buscarlo cerca del aristocrático barrio donde vive esta editora i responsable –es decir, por San Cristóbal–); Cisneros (calle de una cuadra que aparece a la altura de J.B.Justo al 5000); y Cevallos (calle muy importante, la segunda paralela a la Av. Entre Ríos hacia el lado del bajo, en el barrio de Montserrat).

Menos suerte han tenido unos personajes a quienes no les funcionó bien el disfraz, a saber: el virrey Sobremonte, que durante las invasiones inglesas puso pies en polvorosa rumbo a Córdoba, llevándose los tesoros del rey, y fue tildado de cobarde; y el virrey de Elío (último designado para el Río de la Plata), que desde Montevideo declaró rebelde a Buenos Aires...
Así que a estos dos no los busque en la ciudad: son algo así como proscriptos.

No obstante, por si algún nostálgico quiere redimirlos, un pasaje de apenas media cuadra, en las inmediaciones de Av. de los Constituyentes y Chorroarín, recuerda a todos estos reyes de pacotilla: Virreyes.


NOMBRE DE LAS CALLES Y DE LOS QUÍAS -EN SU ORDEN-
Virrey Cevallos / Pedro Antonio de Cevallos
Av. Virrey Vértiz / Juan José de Vértiz y Salcedo
Virrey Loreto / Cristóbal del Campo – Marqués de Loreto
Virrey Arredondo / Nicolás Antonio de Arredondo
Virrey Melo / Pedro Melo de Portugal y Villena
Virrey Olaguer y Feliú / Antonio Olaguer y Feliú
Virrey Avilés / Gabriel de Avilés y del Fierro – Marqués de Avilés
Virrey del Pino / Joaquín del Pino y Rozas
(no tiene chapa) / Rafael de Sobremonte – Marqués de Sobremonte
Virrey Liniers / Santiago de Liniers
Virrey Cisneros / Baltasar Hidalgo de Cisneros
(no tiene chapa) / Francisco Javier de Elío

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Comentarios de los lectores

(Éstos llegaron por e.mail privado, pero Ud. puede dejar el suyo en el blog).

Respecto a este minitexto, el responsable ideológico o la i responsable ha incluido un mapa falso de toda falsedad porque -a mi entender- los reyes nunca adjudicaron la Antártida (y, para colmo, el actual sector argentino) a la Intendencia de Buenos Aires.

Corresponsal: A.Gudo

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¡Ajá! Parece cierto. Muy agudo. Se le enviará al responsable ideológico, porque la i responsable nada sabe. (N. de la E. i R.)

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El agudo comentario merece dos observaciones:

PRIMERA. el mapa falso de toda falsedad no es, porque desde lo material y por más más tautológica que parezca la cosa, un mapa es un mapa.

SEGUNDA: No me parece mal que en un mapa de época se incluya (como por ensalmo) al sector antártico argentino, pues más allá del petróleo que pueda haber abajo, es evidente que hay hielo para unas cuantas bolsas de rolitos.

No obstante, dado el componente histórico jurídico del tema en trato, sugiero que pase el caso a conocimiento del Gran Maestre de Todas las Historias, para que fije la doctrina definitiva que causará estado en estas actuaciones.

El Alacrán

La calle Blandengues

BLANDENGUES
Una calle que barrió el progreso
y tuvo que mudarse a otro barrio

-responsable ideológico: el Alacrán-


Si usted cree que blandengue es algo blando de aspecto poco grato, está en lo cierto, y si cree que se le llama así a una persona debilucha, también. Es de notar que, a pesar de lo sospechoso del término, no es lunfardo ni lenguaje de la calle, sino correcto castellano.

Pero además Blandengues era el nombre de un batallón de soldados (en su origen, armados con lanzas), que defendían a Buenos Aires de los indios.

Y su nombre formó parte de las calles del Bajo Belgrano, junto con otros que aún hoy recuerdan a batallones de la primera época de nuestra historia:

Cazadores – Artilleros – Montañeses – Dragones
– Migueletes – Arribeños – Miñones – Húsares


Todos ellos subsistieron, pero a Blandengues, que era la calle principal, la que concentraba el movimiento de la zona, la barrieron del plano de Belgrano: desapareció cuando ensancharon la Avda. del Libertador.

Tan característica era, que fue elegida como emblemática del barrio por Francisco García Jiménez, autor del tango “Bajo Belgrano”:

Calle Blandengues, donde se asoma
la morochita linda y gentil...


El tango, escrito en 1926, tiene música de Anselmo Aieta, y fue grabado por Carlos Gardel el 17 de diciembre de ese mismo año.


Pobres Blandengues. A pesar de sus muchos servicios a la patria, en nombre del Libertador los desalojaron de Belgrano y tuvieron que mudarse a otro barrio.

Ahora los Blandengues residen en un pasaje de una cuadra de extensión que está en Barracas al Sur, cerca de la estación de cargas Buenos Aires y próximo a la sede del Club Barracas Central.


Con todo respeto por esos patriotas y por sus nuevos vecinos:

¡No es lo mismo ser profundo que haberse venido abajo!