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domingo, 14 de diciembre de 2008

Escultura en homenaje a Borges

Tal como había sido anunciado, el 12 de diciembre de 2008 se inauguró en Lisboa, en los jardines del Arco do Cego, una escultura en homenaje a Jorge Luis Borges.

Se trata de un monolito geométrico de granito que tiene incrustado en su parte superior un molde que reproduce en bronce fundido, bañado con oro, la mano del genial escritor.

Además, la escultura tiene grabado, en español y portugués, el poema "Los Borges", en el cual el escritor se refiere a sus ancestros portugueses.
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La obra fue creada por el artista argentino Federico Brook, quien dijo a la agencia EFE que “representa la mano creadora del poeta, coronada por una nube que simboliza el espíritu del hombre".

Además Brook comentó que debido a su gusto por las nubes, Borges creó en 1985 un poema que le dedicó (?).

Con esta escultura, la Casa de América Latina conmemora su décimo aniversario en Lisboa.
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En el homenaje estuvieron presentes la viuda del Borges, María Kodama; el escultor; el alcalde de Lisboa, Antonio Costa; el secretario general de la Casa de América Latina, Mario Quartim Graça; y el Premio Nobel de Literatura José Saramago, –entre otros–.
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Según Europa Press, Saramago destacó que Borges es "un gran escritor y humanista" que "descubrió la literatura virtual". Un concepto que el autor luso reconoció que le es difícil de explicar, pero que se aplica a la prosa y a la poesía en la medida en que "hay mundos que existen a partir del momento en que Borges los creó", por tanto –dijo– es "el último gigante literario del que se puede hablar".
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Ahora bien:
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Suponiendo que las frases encomilladas del último párrafo estén bien traducidas –pues Saramago no habla español, que yo sepa– no entiendo el concepto de “literatura virtual”, y haciendo un esfuerzo por comprender la idea me parece que Borges no es el único creador de mundos de ficción.
Pero como todo lo que hace/dice Saramago parece estar bien, pues ahí le dejé sus palabras.

Párrafo aparte merece el comentario del escultor, que parece que dijo que Borges le dedicó un poema acerca de las nubes, escrito en 1985 (ciertas notas de prensa reproducen algunos versos).

Buscando en las “Obras Completas” de Borges, encontré los versos aludidos y vi que, efectivamente, los escribió en 1985. Forman parte de su libro “Los Conjurados”, donde hay al menos dos poemas referidos a las nubes, “Nubes (I)” y “Nubes (II)”.

PERO dicho libro comienza con una “Inscripción”, cuyo segundo párrafo comienza así:
“De usted es este libro, María Kodama.”

Y el tercer párrafo es el siguiente:
“Solo podemos dar lo que ya hemos dado. Solo podemos dar lo que ya es del otro. En este libro están las cosas que siempre fueron suyas. ¡Qué misterio es una dedicatoria, una entrega de símbolos!” J.L.B.

jueves, 11 de diciembre de 2008

Una escultura reúne a Borges con sus ancestros portugueses

Así titula el diario Clarín (de Argentina) una nota publicada por Julio Algañaraz, que da cuenta de que el viernes 12 de diciembre de 2008, en un parque de Lisboa, frente a la embajada argentina, va a inaugurarse una monumental escultura en memoria del más grande escritor argentino -y uno de los mejores del mundo-, Jorge Luis Borges.

La obra fue realizada y donada por otro argentino, el escultor Federico Brook, quien imaginó “un gran monolito geométrico en granito que emerge de la tierra hacia el alto, la luz y la ligereza".
En la parte de atrás de la escultura, está escrito, en castellano y portugués, un poema que el genial creador dedicó a sus ancestros, “Los Borges”.
Y en la cavidad piramidal está encastrada una réplica de su mano inigualable.

La siguiente es una foto de Borges, en 1985, en el estudio del escultor, mientras ofrecía su mano para que le tomaran la impronta.
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La idea original de la escultura fue de la viuda de Borges, María Kodama, que financió la fundición del calco de la mano de su marido y que estará presente en la inauguración, en la que hablará el premio Nobel de Literatura, José Saramago, que merece nota aparte…

El poema referido a los ancestros es el siguiente:

Los Borges

Nada o muy poco sé de mis mayores
portugueses, los Borges: vaga gente
que prosigue en mi carne, oscuramente,
sus hábitos, rigores y temores.
Tenues como si nunca hubieran sido
y ajenos a los trámites del arte,
indescifrablemente forman parte
del tiempo, de la tierra y del olvido.
Mejor así. Cumplida la faena,
son Portugal, son la famosa gente
que forzó las murallas del Oriente
y se dio al mar y al otro mar de arena.
Son el rey que en el místico desierto
se perdió y el que jura que no ha muerto.
J. L. Borges
EL HACEDOR (1960)

sábado, 6 de diciembre de 2008

MILONGA DE DON JACINTO CHICLANA - Borges/Piazzolla/Rivero (con audio)

He anunciado en otra nota que iba a dedicarme (un poco) a salvar errores muy difundidos que afectan a algunos tangos y milongas que me gustan especialmente.

Se trata de una tarea ímproba y además estoy convencida de que es una cruzada sin sentido, pues son demasiados los inimputables que cantan y reproducen letras de cualquier manera... pero a mí me gusta hacer quijotadas, y en eso estoy ahora.

Así que hoy me dedicaré a un texto de Borges, la “Milonga de don Jacinto Chiclana”, que como todo lo que escribió él es impecable (más allá de que pueda gustarnos o no).

Esta es otra de las milongas que forman parte de su libro Para las seis cuerdas, que ya he comentado, y tuvo idéntica suerte que algunas de sus hermanas: fue musicalizada por Ástor Piazzolla y estrenada por él y Edmundo Rivero –hasta allí, perfecto–; pero luego los cantantes y especialmente quienes transcriben su letra, que tienen veleidades de creadores, ‘recrearon’ lo que les pareció...

“–Así también se entiende, es otro mensaje posible” –me ha dicho alguno a quien le señalé sus errores.

Pues eso es una falta de respeto. No se trata de hacer las cosas con descuido y luego pretender que se les dio un nuevo sentido.
El texto de un autor debe ser respetado, y si lo modifican deben avisárselo al público.
Además, nadie puede mejorar un texto de Borges, porque los textos de Borges no tienen errores. Eso lo sabe cualquiera que lo haya leído.

En fin, un poco más abajo “pego” un archivo de audio de la “Milonga de don Jacinto Chiclana”, cantada por Edmundo Rivero, y a continuación transcribo la letra completa para que, si lo desea, pueda escucharla e ir leyéndola a la par del cantor.

Pero antes voy a señalar un error muy común en las grabaciones actuales, y también en las transcripciones que aparecen en los portales de tangos/milongas de la web; es un error que cambia por completo el sentido del texto, y a mí me molesta aun más allá de lo posible.

La milonga comienza así:


Me acuerdo. Fue en Balvanera,
en una noche lejana
que alguien dejó caer el nombre
de un tal Jacinto Chiclana.

Algo se dijo también
de una esquina y de un cuchillo;
los años nos dejan ver
el entrevero y el brillo.

Pues ¿sabe qué hacen los ‘genios’? Dicen: “los años NO dejan ver / el entrevero y el brillo”.

Y yo digo lo siguiente:
Que además del rotundo cambio de significado –pues una cosa es poder ver algo y otra cosa es no poder verlo–, ese cambio que alguno de los genios, para no admitir su ignorancia, defendió, convierte a esos dos versos en inútiles y estúpidos.

Y sostengo que esos versos así ‘recreados’ son inútiles y estúpidos, porque dicen una perogrullada.
No hace falta aclarar que los años NO dejan ver algo, porque cualquier idiota sabe que los años no dejan ver nada, que lo único que permite ver es la combinación luz-ojo-cerebro.

Pero por si alguno de los genios está leyendo, lo voy a explicar de nuevo, esta vez para tontitos:

Lo poético de esos dos versos reside en que la evocación que hace el poeta (Borges lo era) permita ver algo (una pelea) que sucedió hace años.
¿Se entiende?
La perogrullada es decir que no se puede ver algo porque han pasado años desde que sucedió.

Así que, puesto que Borges no escribía perogrulladas, si hay algún genio leyendo le sugiero que considere esto que digo y no trate de crear ‘otros mensajes’ –empobrecidos– para un texto que no los necesita, porque es perfecto.

Y ahora sí: aquí van el archivo de audio y la letra (completa) arriba prometidos, y espero sinceramente que los disfrute (que, al fin, para eso los divulgo).


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MILONGA DE JACINTO CHICLANA
-
Me acuerdo. Fue en Balvanera,
en una noche lejana
que alguien dejó caer el nombre
de un tal Jacinto Chiclana.

Algo se dijo también
de una esquina y de un cuchillo;
los años nos dejan ver
el entrevero y el brillo.

Quién sabe por qué razón
me anda buscando ese nombre;
me gustaría saber
cómo habrá sido aquel hombre.

Alto lo veo y cabal,
con el alma comedida,
capaz de no alzar la voz
y de jugarse la vida.

Nadie con paso más firme
habrá pisado la tierra;
nadie habrá habido como él
en el amor y en la guerra.

Sobre la huerta y el patio
las torres de Balvanera
y aquella muerte casual
en una esquina cualquiera.

No veo los rasgos. Veo,
bajo el farol amarillo,
el choque de hombres o sombras
y esa víbora, el cuchillo.

Acaso en aquel momento
en que le entraba la herida,
pensó que a un varón le cuadra
no demorar la partida.

Sólo Dios puede saber
la laya fiel de aquel hombre;
señores, yo estoy cantando
lo que se cifra en el nombre.

Entre las cosas hay una
de la que no se arrepiente
nadie en la tierra. Esa cosa
es haber sido valiente.

Siempre el coraje es mejor,
la esperanza nunca es vana;
vaya pues esta milonga
para Jacinto Chiclana.

J. L. Borges
(Fuente: J. L. BORGES, Obras completas).

MILONGA DE DON NICANOR PAREDES - Borges/Piazzolla/Rivero (con audio)

Tengo prometido en una nota anterior ocuparme de ciertos tangos y milongas que llegan al público en versiones deformadas, que les hacen perder su sentido.

Ya he tratado de esclarecer el sentido de algunas letras y hoy vuelvo a la carga, esta vez con la “Milonga de don Nicanor Paredes”, de Borges, que pertenece a su libro Para las seis cuerdas.

Esta milonga fue musicalizada por Ástor Piazzolla y estrenada por él y su Quinteto Nuevo Tango juntamente con el cantor Edmundo Rivero.

Es decir: Borges/Piazzolla/Rivero. Por supuesto, uno puede no gustar de alguno o algunos de ellos, y hasta de ninguno (aunque parece más improbable), pero difícilmente podrá negar que, en su género, cada uno era un maestro.

Y digo yo que hay que ser muy corajudo para pretender enmendarle la plana a un maestro, pero algunos se atreven...

La cuestión es que, últimamente, merced a los libros y portales de la web de tangos/milongas –que casi siempre reproducen mal las letras– y a ciertos cantantes muy creativos, pero que no saben leer y que además tienen mal oído para decodificar lo que oyen o escuchan, gracias a todos ellos, digo, la impecable milonga de Borges está quedando muy perjudicada.

Aquí le “pego” el archivo de audio –que vale la pena escuchar– y más abajo la letra, completa (nunca se canta completa; le sugiero que vaya leyéndola a la par del cantor), y luego señalaré cuáles son las burradas más habituales que están desparramando los ‘genios’.

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MILONGA DE DON NICANOR PAREDES

Venga un rasgueo y ahora,
con el permiso de ustedes,
le estoy cantando, señores,
a don Nicanor Paredes.

No lo vi rígido y muerto
ni siquiera lo vi enfermo;
lo veo con paso firme
pisar su feudo, Palermo.

El bigote un poco gris
pero en los ojos el brillo
y cerca del corazón
el bultito del cuchillo.

El cuchillo de esa muerte
de la que no le gustaba
hablar; alguna desgracia
de cuadreras o de taba.

Del atrio, más bien. Fue caudillo,
si no me marra la cuenta,
allá por tiempos bravos
del ochocientos noventa.

Lacia y dura la melena
y aquel empaque de toro;
la chalina sobre el hombro
y el rumboso anillo de oro.

Entre sus hombres había
muchos de valor sereno;
Juan Muraña y aquel Suárez
apellidado el Chileno.

Cuando entre esa gente mala
se armaba algún entrevero
él lo paraba de golpe,
de un grito o con el talero.

Varón de ánimo parejo
en la buena o en la mala;
“En casa del jabonero
el que no cae se refala.”

Sabía contar sucedidos,
al compás de la vihuela,
de las casas de Junín
y de las carpas de Adela.

Ahora está muerto y con él
cuánta memoria se apaga
de aquel Palermo perdido
del baldío y de la daga.

Ahora está muerto y me digo:
¿Qué hará usted, don Nicanor,
en un cielo sin caballos
ni envido, retruco y flor?
J. L. Borges
(Fuente: J. L. BORGES, Obras completas).
-
Las burradas habituales son las siguienes:

Cuando aparece la letra transcripta, en la segunda estrofa suele faltar un verso: ni siquiera lo vi enfermo, lo cual descompone esa estrofa, entre otros motivos porque enfermo está allí para rimar con Palermo.
No entiendo cómo no se dan cuenta (para mí que son opas).

Pero la perlita la colocan sobre los versos finales, tanto en las versiones escritas como en las cantadas.
La letra de Borges dice en un cielo sin caballos, / ni envido, retruco y flor? pero los genios han ‘recreado’ el último verso: “sin vino, retruco y flor” dicen...
Y para decir o escribir eso no solo hay que tener un genio atrevido, sino que hace falta, además, ser inculto y torpe, al extremo de no darse cuenta siquiera de que “envido, retruco y flor” son los lances del juego de Truco –tan popular, que algunos hasta sostienen que es el deporte nacional de la Argentina–.
¡Pss! No parecen argentinos... (o tal vez sí, justamente: se nota que son argentinos).

En fin, espero haber echado algo de luz sobre el tema (y que a alguno le sirva lo dicho).

Aclaraciones para los lectores
que no conocen a Buenos Aires y su gente:

La milonga de Borges describe a un prototipo de argentino de otra época: el guapo o caudillo, que entre otras cosas gustaba de los juegos en que se podía apostar dinero.

En la segunda estrofa dice: lo veo con paso firme / pisar su feudo, Palermo y esto hace alusión a que el hombre era burrero –aficionado a las carreras de caballos–, cosa que se deduce de que su feudo fuera la zona de Palermo, donde por la época a que se refiere la milonga existían varios hipódromos (ya lo he comentado) y también se corrían carreras cuadreras.

Pero el hombre de la milonga tenía otras aficiones: la taba –que se juega con un hueso del mismo nombre–, y también el truco –juego de cartas de cuyos lances ya hice mención más arriba–.

Luego, dos de las pasiones de don Nicanor Paredes –los caballos y el truco– dan el remate a la milonga, cuando el autor se pregunta: ¿qué hará usted don Nicanor, / en un cielo sin caballos, / ni envido, retruco y flor?

sábado, 1 de noviembre de 2008

EL TÍTERE – Borges/Piazzolla/Rivero (con audio)

En una nota anterior comento que la milonga “El títere” forma parte del libro Para las Seis Cuerdas, de Borges y que fue musicalizada por Ástor Piazzolla y cantada por Edmundo Rivero. No insistiré con más datos.

Aquí voy a referirme a dos cuestiones que aparecen en el texto y voy a comenzar por la que está en segundo lugar, es decir, voy a comenzar por el final –como corresponde, bah–.

Para que pueda “seguirme” fácilmente, al final de esta nota va a encontrar la grabación (una joyita) y la letra completa.


Primera observación:
La penúltima estrofa, la que comienza “Ni la cuerpeada ni el grito…” y que Rivero canta, no figura en las Obras Completas de Borges, sin embargo es de él, y lo digo por dos razones: cualquiera que haya leído a Borges puede reconocerle el estilo, y además, como queda dicho en la nota anterior, Borges asistió a la grabación del disco que contiene esa milonga, y no puede suponerse que si la estrofa no era de su autoría hubiera permitido que se la agregara.

Segunda observación:
En el prólogo de Para las Seis Cuerdas dice Borges: “He querido eludir … el manejo sistemático del lunfardo, que infunde un aire artificioso a las sencillas coplas”.

Pues bien, he escuchado cien veces esta milonga y siempre pensé que “garifo”, que aparece en el tercer verso de la tercera estrofa, era lunfardo. Hasta que un día se me ocurrió consultar el diccionario de la R.A.E. (que, por cierto, no muerde) y vea con qué me encontré:

garifo remite a jarifo y
jarifo viene del ár. hisp. šaríf, y este del ár. clás. šarif, noble, y –tal como lo sugiere el texto de Borges– significa “rozagante, vistoso, bien compuesto o adornado”. (Cualquier asociación con Michael Shalhoub, es decir, con Omar Sharif… seguramente es atinada).

Es todo, por ahora. Aquí le adjunto grabación de “El títere”, por Edmundo Rivero/Ástor Piazzolla y debajo le transcribo la letra completa de la milonga, por si quiere ir siguiendo al cantor.
Espero que lo disfrute…

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EL TÍTERE

A un compadrito le canto
que era el patrón y el ornato
de las casas menos santas
del barrio de Triunvirato.

Atildado en el vestir,
medio mandón en el trato;
negro el chambergo y la ropa,
negro el charol del zapato.

Como luz para el manejo
le firmaba un garabato
en la cara al más garifo,
de un solo brinco, a lo gato.

Bailarín y jugador,
no sé si chino o mulato,
lo mimaba el conventillo,
que hoy se llama inquilinato.

A las pardas zaguaneras
no les resultaba ingrato
el amor de ese valiente,
que les dio tan buenos ratos.

El hombre, según se sabe,
tiene firmado un contrato
con la muerte. En cada esquina
lo anda acechando el mal rato.
.
Ni la cuerpeada ni el grito
lo salvan al candidato.
La muerte sabe, señores,
llegar con sumo recato.

Un balazo lo tumbó
en Thames y Triunvirato;
se mudó a un barrio vecino,
el de la Quinta del Ñato.

J.L. Borges

Para las Seis Cuerdas – J.L.Borges

Las milongas que componen el libro Para las Seis Cuerdas, de Borges, son las siguientes:

Milonga de dos hermanos
¿Dónde se habrán ido?
Milonga de Jacinto Chiclana
Milonga de don Nicanor Paredes
Un cuchillo en el Norte
El títere
Milonga de los morenos
Milonga para los orientales
Milonga de Albornoz
Milonga de Manuel Flores
Milonga de Calandria

En el prólogo dice:

"Toda lectura implica una colaboración y casi una complicidad. En el Fausto, debemos admitir que un gaucho pueda seguir el argumento de una opera cantada en un idioma que no conoce; en el Martín Fierro, un vaivén de bravatas y de quejumbres, justificadas por el propósito político de la obra, pero del todo ajenas a la índole sufrida de los paisanos y a los precavidos modales del payador.
En el modesto caso de mis milongas, el lector debe suplir la música ausente por la imagen de un hombre que canturrea, en el umbral de su zaguán o en un almacén, acompañándose con la guitarra. La mano se demora en las cuerdas y las palabras cuentan menos que los acordes.
He querido eludir la sensiblería del inconsolable "tango-canción" y el manejo sistemático del lunfardo, que infunde un aire artificioso a las sencillas coplas.
Compuestas hacia mil ochocientos noventa y tantos, estas milongas hubieran sido ingenuas y bravas; ahora son meras elegías.
Que yo sepa, ninguna otra aclaración requieren estos versos.
J.L.B.
Buenos Aires, junio de 1965."

Dice Borges que “el lector debe suplir la música ausente por la imagen de un hombre que canturrea”, sin embargo, poco tiempo después –ese mismo año– algunas de esas milongas fueron musicalizadas:
-
Jorge Luis Borges, Astor Piazzolla y su Quinteto Nuevo Tango, Edmundo Rivero y Luis Medina Castro se reunieron para registrar el disco "El tango". El escritor asistió a las grabaciones.

Casi con seguridad, es muy difícil conseguir ese disco de vinilo, pero actualmente existe al menos una versión en CD, titulada “El tango” que incluye tres tangos (“El tango”, “Alguien le dice al tango”, y “Oda íntima a Buenos Aires”), una suite (“El hombre de la esquina rosada”), y tres milongas (“Jacinto Chiclana”, “El títere”, y “A don Nicanor Paredes”).

En notas separadas voy a ocuparme de esas milongas, que fueron cantadas por Edmundo Rivero –incluyendo los archivos de audio–.

Agradezco al periodista argentino Juan Carlos Ocaña que subió a la red esos archivos (están en el sitio http://www.esnips.com/).

jueves, 28 de febrero de 2008

Qué es LA QUINTA DEL ÑATO

Así se le llama -al menos en Buenos Aires- en lunfa o en el habla del pueblo, al cementerio; pero ¿por qué?

Esto se preguntaba la editora i reponsable y hurgó por distintos diccionarios (de lunfardo y de voces argentinas) hasta que, uniendo cabos, concluyó:

Porque una quinta es –entre otras cosas– un lugar para descansar, o de reposo; y ñata es una manera popular de llamarle a la calavera, que carece de nariz.

De manera que la quinta del ñato es el lugar de descanso de la calavera.

Y como esto resultó muy fácil de deducir y a la i responsable le sobró tiempo, decidió buscar para los estimados lectores una milonga que solía cantar Edmundo Rivero, cuya letra pertenece al gran Borges y cuya música, a Astor Piazzolla, y que les reproduce a continuación, para que vean que el Maestro no siempre escribía en difícil y además tenía un fino sentido del humor. Aquí va:


EL TÍTERE

A un compadrito le canto
que era el patrón y el ornato
de las casas menos santas
del barrio de Triunvirato.

Atildado en el vestir,
medio mandón en el trato;
negro el chambergo y la ropa,
negro el charol del zapato.

Como luz para el manejo
le firmaba un garabato
en la cara al más garifo,
de un solo brinco, a lo gato.

Bailarín y jugador,
no sé si chino o mulato,
lo mimaba el conventillo,
que hoy se llama inquilinato.

A las pardas zaguaneras
no les resultaba ingrato
el amor de ese valiente,
que les dio tan buenos ratos.

El hombre, según se sabe,
tiene firmado un contrato
con la muerte. En cada esquina
lo anda acechando el mal rato.

Un balazo lo tumbó
en Thames y Triunvirato;
se mudó a un barrio vecino,
el de la Quinta del Ñato.

J.L. Borges


COMENTARIOS DE LOS LECTORES

Sra. Editora:
Muy bien logrado el clima funebrero; sobre todo conmueve la familiaridad de la Redacción con la trucha de la parca (cariñosamente y con respeto, por las dudas). No deja de ser auspicioso y plausible el esfuerzo de la i responsable por acercarse al habla canora del Río de la Plata.
Acudir a Borges, Piazzolla, y Rivero no es poca cosa, y merece destacarse.

Humildemente me permito una breve relación con la quinta del ñato. Existe en lunfardo -podría decirse que existía, pues hoy ya casi no se usa- otra expresión para llamar a las necrópolis, y es la casa del pueblo, aludiendo tal vez a que allí vamos todos, desde los paquetes habitantes del Barrio Norte, hasta los trasnochados porteños de Enrique González Tuñón en Camas desde un peso (Salud, poeta !!!).

Como verá, tanta poesía ‘me pudo’ y hoy me permito un descanso en mi inveterado hábito de destilar veneno.

Cordialmente,
El Alacrán.

domingo, 24 de febrero de 2008

El Unicornio

Personas suspicaces, desconfiadas y, tal vez, mal intencionadas, que ponen en duda hasta la veracidad de la palabra escrita, han afirmado –y afirman– que los unicornios son animales sobrenaturales, lo que vale tanto como decir que no existen.

Borges dice que: "En la enciclopedia de Isidoro de Sevilla, redactada a principios del siglo VII, se lee que una cornada del unicornio suele matar al elefante".


Lejos del ánimo de esta editora el pretender enmendarle la plana al Maestro, pero desea transcribir a San Isidoro, que estrictamente dice:

"Griego es el nombre del rinoceronte, que en latín viene a significar ‘un solo cuerno en la nariz’. Se le conoce también como ‘monóceros’, es decir, ‘unicornio’, precisamente porque está dotado en medio de la frente de un solo cuerno de unos cuatro pies de longitud, y tan afilado y fuerte que lanza por alto o perfora cualquier cosa que acometa. Es frecuente que trabe combate con elefantes, a quienes derriba infiriéndoles una herida en el vientre. Es tan enorme la fuerza que tiene, que no se deja capturar por la valentía de cazador alguno; en cambio, según aseguran quienes han descrito la naturaleza de los animales, se le coloca delante una joven doncella que le descubra su seno cuando lo ve aproximarse, y el rinoceronte, perdiendo toda su ferocidad, reposa en él su cabeza, y de esta forma adormecido, como un animal indefenso, es apresado por los cazadores."


"El Rinoceronte", de Durero (grabado en madera, 1515).


Borges cita, además, este párrafo, referido al unicornio chino:
"En la Anthologie raisonnée de la littérature chinoise (1948), de Margouliès, figura este misterioso y tranquilo apólogo, obra de un prosista del siglo IX: Universalmente se admite que el unicornio es un ser sobrenatural y de buen agüero; así lo declaran las odas, los anales, las biografías de varones ilustres y otros textos cuya autoridad es indiscutible. Hasta los párvulos y las mujeres del pueblo saben que el unicornio constituye un presagio favorable. Pero este animal no figura entre los animales domésticos, no siempre es fácil encontrarlo, no se presta a una clasificación. No es como el caballo o el toro, el lobo o el ciervo. En tales condiciones, podríamos estar frente al unicornio y no sabríamos con seguridad que lo es. Sabemos que tal animal con crin es caballo y que tal animal con cuernos es toro. No sabemos cómo es el unicornio."


Por su parte, Dn. Sebastián de Cobarruvias lo describió en su Tesoro de la Lengua Castellana o Española –el primer diccionario del idioma–, en 1610, y dice textualmente:

"UNICORNIO. Es un animal feroz, de la forma y grandor de un cavallo, el qual tiene en medio de la frente un gran cuerno, de longitud de dos codos. Está recebido en el vulgo que los demás animales, en las partes desiertas de África, no osan bever en las fuentes, por temor de la ponzoña que causan las serpientes y animales ponzoñosos, esperando que venga el Unicornio y meta dentro dellas el cuerno, con que las purifica. (...) El vulgo tiene también recebido dél, que si vee una donzella, se le domestica y se recuesta sobre sus faldas y, adormeciéndose en ellas, los cazadores llegan y le prenden, y por esto es symbolo de la castidad. Muchos otros animales ay que, por tener un solo cuerno, se podían llamar unicornios; pero éste para con nosotros se alzó con el nombre. Ay dél muchos hierolíficos, que por no ser molesto no los refiero aquí."
(A éste le pasaba como a la editora: tenía miedo de resultar plomizo).

Las definiciones son claras. Tanto San Isidoro como Cobarruvias describieron al unicornio con precisión. De Isidoro rescatamos que el unicornio es un rinoceronte, y tanto él como Cobarruvias nos cuentan qué ardid debe utilizarse para cazarlo.
.
"La dama y el unicornio", c. 1602, fresco, Palacio Farnese (Roma),
atribuido a Domenichino (1581-1641), prominente pintor del Barroco italiano.
.

Pero un siglo antes de que Cobarruvias lo describiera, Rafael retrató a un unicornio en el regazo de una dama.
Por el tamaño, el animal es más bien parecido parecido a un potrillito (¡de pony!) que a un rinoceronte, por suerte para la bella que lo tiene en brazos.
Y esta editora i responsable sostiene que si Rafael tuvo a un unicornio posando para él, entonces quiere decir que estos animales existían (concedamos que ahora no se los ve, pero pueden haberse extinguido).
De no ser así, estos tipos tienen que haber sido muy fantasiosos o haber estado macaneando.
.
"La dama y el unicornio" (1505-1506) es una obra típica del Renacimiento italiano, pintada por Rafael Sanzio o Rafael de Urbino, quien vivió entre 1483 y 1520. Es un óleo sobre lienzo, de 67 x 51 cm, y está en la Galería Borghese (Roma).
En ella, la joven está situada ante una logia con columnas, que permite ver detrás el paisaje.
La composición tiene cierta semejanza con "La Gioconda" (1503-1506), pintada por Leonardo da Vinci (1452-1519), un óleo sobre tabla, de 77 x 53 cm, que está en el Museo del Louvre (París).
.
Y ahora la i responsable -que espera hayan disfrutado de las imágenes y del texto-, tomando ejemplo de don Cobarruvias, por no ser molesta, hace mutis.