Ya he tratado de esclarecer el sentido de algunas letras y hoy vuelvo a la carga, esta vez con la “Milonga de don Nicanor Paredes”, de Borges, que pertenece a su libro Para las seis cuerdas.
Esta milonga fue musicalizada por Ástor Piazzolla y estrenada por él y su Quinteto Nuevo Tango juntamente con el cantor Edmundo Rivero.
Es decir: Borges/Piazzolla/Rivero. Por supuesto, uno puede no gustar de alguno o algunos de ellos, y hasta de ninguno (aunque parece más improbable), pero difícilmente podrá negar que, en su género, cada uno era un maestro.
Y digo yo que hay que ser muy corajudo para pretender enmendarle la plana a un maestro, pero algunos se atreven...
La cuestión es que, últimamente, merced a los libros y portales de la web de tangos/milongas –que casi siempre reproducen mal las letras– y a ciertos cantantes muy creativos, pero que no saben leer y que además tienen mal oído para decodificar lo que oyen o escuchan, gracias a todos ellos, digo, la impecable milonga de Borges está quedando muy perjudicada.
Aquí le “pego” el archivo de audio –que vale la pena escuchar– y más abajo la letra, completa (nunca se canta completa; le sugiero que vaya leyéndola a la par del cantor), y luego señalaré cuáles son las burradas más habituales que están desparramando los ‘genios’.
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MILONGA DE DON NICANOR PAREDES
Venga un rasgueo y ahora,
No lo vi rígido y muerto
El bigote un poco gris
El cuchillo de esa muerte
Del atrio, más bien. Fue caudillo,
Lacia y dura la melena
Entre sus hombres había
Cuando entre esa gente mala
Varón de ánimo parejo
Sabía contar sucedidos,
Ahora está muerto y con él
Ahora está muerto y me digo:
(Fuente: J. L. BORGES, Obras completas).
Cuando aparece la letra transcripta, en la segunda estrofa suele faltar un verso: ni siquiera lo vi enfermo, lo cual descompone esa estrofa, entre otros motivos porque enfermo está allí para rimar con Palermo.
Pero la perlita la colocan sobre los versos finales, tanto en las versiones escritas como en las cantadas.
En fin, espero haber echado algo de luz sobre el tema (y que a alguno le sirva lo dicho).
Aclaraciones para los lectores
La milonga de Borges describe a un prototipo de argentino de otra época: el guapo o caudillo, que entre otras cosas gustaba de los juegos en que se podía apostar dinero.
En la segunda estrofa dice: lo veo con paso firme / pisar su feudo, Palermo y esto hace alusión a que el hombre era burrero –aficionado a las carreras de caballos–, cosa que se deduce de que su feudo fuera la zona de Palermo, donde por la época a que se refiere la milonga existían varios hipódromos (ya lo he comentado) y también se corrían carreras cuadreras.
Pero el hombre de la milonga tenía otras aficiones: la taba –que se juega con un hueso del mismo nombre–, y también el truco –juego de cartas de cuyos lances ya hice mención más arriba–.
Luego, dos de las pasiones de don Nicanor Paredes –los caballos y el truco– dan el remate a la milonga, cuando el autor se pregunta: ¿qué hará usted don Nicanor, / en un cielo sin caballos, / ni envido, retruco y flor?

