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viernes, 11 de junio de 2010

Fernando Vallejo, un defensor de los animales (I)

El jueves 21 de mayo de 2008 el escritor dio una conferencia en la Universidad de Antioquia.
Extracto de una nota aparecida en ELESPECTADOR.COM –CULTURA-, el 24 de mayo de 2008.
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“Mi causa no es la sangre humana”
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Lo acompaña su hermano Aníbal, uno de sus más leales escuderos. Detrás de ellos, un grupo de voluntarias de la Sociedad Protectora de Animales conduce a una docena y media de perros,…

[Vallejo]… resume algunas de las asombrosas semejanzas entre animales y humanos. “Entonces ¿qué nos diferencia? La palabra, que, por lo general, usamos para mentir. Vacas, perros, cerdos y caballos, como nosotros, tienen dos ojos, dos fosas nasales, dos hileras de dientes, sangre roja y un sistema nervioso para sentir hambre, sed, terror. Pero los masacramos sin que nos importe un comino. Los animales son nuestro prójimo, nuestros hermanos”.

domingo, 26 de octubre de 2008

(URU) (CLB) Patrimonios de la Humanidad

Colonia del Sacramento es una ciudad del Uruguay ubicada junto al Río de la Plata, a unos 70 km de Buenos Aires en línea de aire, río mediante.

La opinión generalizada es que es muy “bonita” y lo cierto es que recibe muchísimo turismo.
Su barrio histórico, muy pequeño, fue declarado por la Unesco Patrimonio de la Humanidad en 1995, y es pintoresco, sin duda, pero me parece a mí que sus construcciones, de originales conservan muy poco: apenas unas ruinas, una que otra casa de piedra y alguna calle que parece tener su adoquinado viejo, como la archiconocida Calle de los Suspiros:
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y esta otra, frente a la Iglesia Matriz y perpendicular a ella, también con los adoquines de otra época, donde un automóvil hace sospechar el paso del tiempo.


Sin embargo, me molesta un poco cuando me muestran una nadería como si fuera algo especialmente importante, como esta casa, que tiene una placa de azulejos que dice: “Esta casa perteneció al historiador argentino Félix Luna”:
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¿Y a mí, qué? –preguntaría yo–. ¿Qué es lo que tiene de particular? ¿Es un monumento histórico?

Salvando las distancias en lo referente al tamaño, la ciudad de Colonia me recuerda a la de Cartagena de Indias (Colombia), declarada Patrimonio Histórico y Cultural de la Humanidad por la Unesco en 1984.

Ambas han sido reconstruidas, remozadas, diría re-creadas, casi con el mismo estilo, y cualquiera que no se deje impresionar por las apariencias puede advertir el “maquillaje” –son como las mujeres que tienen cirugías estéticas, pueden aparecer bonitas… pero no son auténticas–.

No obstante, admito que tanto Colonia como Cartagena ameritan que uno se dé una vueltita, porque entre tanto retoque siempre aparece algo interesante (en una nota anterior muestro una talla que está en la Iglesia arriba mencionada, muy curiosa, pues se trata del Arcángel Gabriel en versión femenina – una rareza digna de verse).

domingo, 14 de septiembre de 2008

(CLB) Isabel viendo llover en Macondo



Admito que no es Isabel, la de la historia de Gabriel García Márquez, sino yo misma, y que el lugar no es Macondo sino Cartagena de Indias, al norte de Colombia, sobre el Caribe (es decir, en la zona donde fue fundado el pueblo de la ficción).
Estaba en la terraza de un restaurante ubicado en la esquina de una manzana y disfruté grandemente viendo la lluvia, que en poco rato inundó por completo el cruce de ambas calles. Así que, como no podía hacer otra sino esperar a que escampara, tomé esta foto:
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Y mientras vivía la experiencia de un diluvio torrencial, de invierno (que es como le llaman allí a la temporada de lluvias, aunque la temperatura no baja de 30°C), me convencí de que esa era la forma en que debía de llover en el pueblo creado por García Márquez y comprendí que no es tan exagerado cuando dice, en Cien años de soledad, "Llovió cuatro años, once meses y dos días. Hubo épocas de llovizna en que todo el mundo se puso sus ropas de pontifical y se compuso una cara de convaleciente para celebrar la escampada, pero pronto se acostumbraron a interpretar las pausas como anuncios de recrudecimiento. Se desempedraba el cielo en unas tempestades de estropicio...". (El descatado es mío).

(CLB) Don Rufino José Cuervo

“El café era de lo poco bueno que seguía produciendo Colombia, toda vez que se le murieron sus gramáticos. Tras la muerte de Cuervo fue el acabose. […] Y a todas éstas preguntará usted: ¿quién fue Cuervo? Hombre, Cuervo (don Rufino José) fue el más grande gramático de Colombia. Lo cual es mucho si se mira desde adentro de Colombia y de la gramática, pero si se mira desde afuera muy poquito. Cuervo no es nada, por ejemplo, en el dark room de un bar gay.”
Fernando Vallejo, La Rambla paralela. Alfaguara, Argentina, primera edición, septiembre de 2004, pp.35/36.

BOGOTÁ – BARRIO LA CANDELARIA
PLAZOLETA RUFINO CUERVO

Monumento a Rufino José Cuervo
Obra del escultor Raúl Carlos Verlett - Ubicación: Calle 10 entre carreras 6 y 7


La Casa de Cuervo está ubicada en la Calle 10 No. 4-69, barrio La Candelaria, y allí funcionan el Seminario Andrés Bello (Unidad Docente), el Departamento de Historia Cultural, la Sección Habla Culta, el Departamento de Lingüística, una librería, una biblioteca y la Administración de esa sede.Fuente: www.caroycuervo.gov.co/caroycuervo/libreria/

BOGOTÁ – BARRIO LA CANDELARIA
CASA DE RUFINO CUERVOUbicación: Calle 10 –antes llamada Calle de la Esperanza– entre carreras 4 y 5.
La placa, al lado de la ventana, dice:













martes, 9 de septiembre de 2008

(CLB) SISTE PARUMPER SPECTATOR GRADUM - El balcón de Bolívar...

SISTE PARUMPER SPECTATOR GRADUM
SI VACAS MIRATURUS VIAM SALUTIS
QUA SESE LIBERAVIT
PATER SALVATORQUE PATRIAE
SIMON BOLIVAR
IN NEFANDA NOCTE SEPTEMBRINA
AN. MDCCCXXVIII

No he de ser yo quien relate los hechos de la noche de 1828 en que intentaron matar a Bolívar. Voy a transcribir aquí una versión literaria, la de Gabriel García Márquez, quien en su novela El general en su laberinto los cuenta así:


"El miércoles 25 de septiembre, al hilo de la medianoche, doce civiles y ventiséis militares forzaron el portón de la casa de gobierno de Santa Fe, degollaron a dos de los sabuesos del presidente, hirieron a varios centinelas, le hicieron una grave herida de sable en un brazo al capitán Andrés Ibarra, mataron de un tiro al coronel escocés William Ferguson, miembro de la Legión Británica y edecán del presidente, de quien éste había dicho que era valiente como un César, y subieron hasta el dormitorio presidencial gritando vivas a la libertad y mueras al tirano.
[...]
"El general y Manuela Sáenz iniciaban apenas una noche de reconciliación. Habían pasado el fin de semana en la población de Soacha, a dos leguas y media de allí, y habían vuelto el lunes en coches separados después de una disputa de amor más virulenta que las habituales, porque él era sordo a los avisos de una confabulación para matarlo, de la que todo el mundo hablaba y en la que solo él no creía.
[...]
"Estaban iniciando en la cama los retozos del amor, él desnudo y ella a medio vestir, cuando oyeron los primeros gritos, los primeros tiros, y el trueno de los cañones contra algún cuartel leal. Manuela lo ayudó a vestirse a toda prisa, le puso las pantuflas impermeables que había llevado puestas sobre los zapatos, pues el general había mandado a lustrar su único par de botas, y lo ayudó a escapar por el balcón con un sable y una pistola, pero sin ningún amparo contra la lluvia eterna.
[...]
"Con una astucia y una valentía de las que ya había dado muestra en otras emergencias históricas, Manuela Sáenz recibió a los atacantes que forzaron la puerta del dormitorio. Le preguntaron por el presidente, y ella les contestó que estaba en el salón del consejo. Le preguntaron por qué estaba abierta la puerta del balcón en una noche invernal, y ella les dijo que la había abierto para ver qué eran los ruidos que se sentían en la calle. Le preguntaron por qué la cama estaba tibia, y ella les dijo que se había acostado sin desvestirse en espera del presidente. Mientras ganaba tiempo con la parsimonia de las respuestas, fumaba con grandes humos un cigarro de carretero de los más ordinarios, para cubrir el rastro fresco de agua de colonia que aún permanecía en el cuarto."

García Márquez, G., El general en su laberinto, Editorial Sudamericana, 1989, pp. 60/63.
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Recordé esta versión -leída tantos años antes- hace muy poco tiempo, cuando, caminando por Bogotá, descubrí en una pared del palacio de San Carlos (Calle 10 y Carrera 5a.) la placa que a continuación le muestro:


Esto es:

Detente por un instante espectador apresurado
si estás desocupado admira la vía de escape
por donde se libró
el padre y salvador de la patria
Simón Bolívar,
en nefanda noche septembrina
año 1828

Eso dice, salvo mejor opinión, y me llamó mucho la atención que la inscripción esté en latín, pues en Bogotá hay muchas placas recordatorias, escritas en español.

Así que me pregunto por qué justo esta figura en latín. ¿Será, tal vez, para que no se entienda? ¿O será una ironía?
Las dos cosas podrían ser verdaderas (o falsas), porque me da la impresión de que los colombianos no quieren demasiado a Bolívar. Pero yo no sé.
Lo único que sí sé es que la inscripción está en el espacio que media entre la parte superior de una ventana y la parte inferior de un balcón, y no dice exactamente de dónde saltó.

En fin, a mí me hizo gracia imaginarme al Libertador del relato de García Márquez, todavía oloroso a agua de colonia, pues acababa de salir de la alberca, corriendo bajo la lluvia armado de un sable y una espada, calzado con las pantuflas impermeables de Manuelita...

Porque si saltó desde una ventana o de un balcón solo lo supieron él y su mujer.

Pero por algo la inscripción dice "admira", y a mí me suena a ironía: las ventanas del palacio de San Carlos son apenas más altas que una persona de estatura mediana, y desde una altura así también salto yo.