miércoles, 24 de junio de 2009
Gardel, el zorzal criollo
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Aunque, pensándolo mejor, sí quiero decir algo: que no me importa si es uruguayo, argentino o francés. Para mí, los mitos son universales.
sábado, 6 de diciembre de 2008
MILONGA DE DON JACINTO CHICLANA - Borges/Piazzolla/Rivero (con audio)
Se trata de una tarea ímproba y además estoy convencida de que es una cruzada sin sentido, pues son demasiados los inimputables que cantan y reproducen letras de cualquier manera... pero a mí me gusta hacer quijotadas, y en eso estoy ahora.
Así que hoy me dedicaré a un texto de Borges, la “Milonga de don Jacinto Chiclana”, que como todo lo que escribió él es impecable (más allá de que pueda gustarnos o no).
Esta es otra de las milongas que forman parte de su libro Para las seis cuerdas, que ya he comentado, y tuvo idéntica suerte que algunas de sus hermanas: fue musicalizada por Ástor Piazzolla y estrenada por él y Edmundo Rivero –hasta allí, perfecto–; pero luego los cantantes y especialmente quienes transcriben su letra, que tienen veleidades de creadores, ‘recrearon’ lo que les pareció...
“–Así también se entiende, es otro mensaje posible” –me ha dicho alguno a quien le señalé sus errores.
Pues eso es una falta de respeto. No se trata de hacer las cosas con descuido y luego pretender que se les dio un nuevo sentido.
El texto de un autor debe ser respetado, y si lo modifican deben avisárselo al público.
Además, nadie puede mejorar un texto de Borges, porque los textos de Borges no tienen errores. Eso lo sabe cualquiera que lo haya leído.
En fin, un poco más abajo “pego” un archivo de audio de la “Milonga de don Jacinto Chiclana”, cantada por Edmundo Rivero, y a continuación transcribo la letra completa para que, si lo desea, pueda escucharla e ir leyéndola a la par del cantor.
Pero antes voy a señalar un error muy común en las grabaciones actuales, y también en las transcripciones que aparecen en los portales de tangos/milongas de la web; es un error que cambia por completo el sentido del texto, y a mí me molesta aun más allá de lo posible.
La milonga comienza así:
Me acuerdo. Fue en Balvanera,
Algo se dijo también
Pues ¿sabe qué hacen los ‘genios’? Dicen: “los años NO dejan ver / el entrevero y el brillo”.
Y yo digo lo siguiente:
Que además del rotundo cambio de significado –pues una cosa es poder ver algo y otra cosa es no poder verlo–, ese cambio que alguno de los genios, para no admitir su ignorancia, defendió, convierte a esos dos versos en inútiles y estúpidos.
Y sostengo que esos versos así ‘recreados’ son inútiles y estúpidos, porque dicen una perogrullada.
No hace falta aclarar que los años NO dejan ver algo, porque cualquier idiota sabe que los años no dejan ver nada, que lo único que permite ver es la combinación luz-ojo-cerebro.
Pero por si alguno de los genios está leyendo, lo voy a explicar de nuevo, esta vez para tontitos:
Lo poético de esos dos versos reside en que la evocación que hace el poeta (Borges lo era) permita ver algo (una pelea) que sucedió hace años.
¿Se entiende?
La perogrullada es decir que no se puede ver algo porque han pasado años desde que sucedió.
Así que, puesto que Borges no escribía perogrulladas, si hay algún genio leyendo le sugiero que considere esto que digo y no trate de crear ‘otros mensajes’ –empobrecidos– para un texto que no los necesita, porque es perfecto.
Y ahora sí: aquí van el archivo de audio y la letra (completa) arriba prometidos, y espero sinceramente que los disfrute (que, al fin, para eso los divulgo).
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MILONGA DE JACINTO CHICLANA
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Algo se dijo también
Quién sabe por qué razón
Alto lo veo y cabal,
Nadie con paso más firme
Sobre la huerta y el patio
No veo los rasgos. Veo,
Acaso en aquel momento
Sólo Dios puede saber
Entre las cosas hay una
Siempre el coraje es mejor,
J. L. Borges
MILONGA DE DON NICANOR PAREDES - Borges/Piazzolla/Rivero (con audio)
Ya he tratado de esclarecer el sentido de algunas letras y hoy vuelvo a la carga, esta vez con la “Milonga de don Nicanor Paredes”, de Borges, que pertenece a su libro Para las seis cuerdas.
Esta milonga fue musicalizada por Ástor Piazzolla y estrenada por él y su Quinteto Nuevo Tango juntamente con el cantor Edmundo Rivero.
Es decir: Borges/Piazzolla/Rivero. Por supuesto, uno puede no gustar de alguno o algunos de ellos, y hasta de ninguno (aunque parece más improbable), pero difícilmente podrá negar que, en su género, cada uno era un maestro.
Y digo yo que hay que ser muy corajudo para pretender enmendarle la plana a un maestro, pero algunos se atreven...
La cuestión es que, últimamente, merced a los libros y portales de la web de tangos/milongas –que casi siempre reproducen mal las letras– y a ciertos cantantes muy creativos, pero que no saben leer y que además tienen mal oído para decodificar lo que oyen o escuchan, gracias a todos ellos, digo, la impecable milonga de Borges está quedando muy perjudicada.
Aquí le “pego” el archivo de audio –que vale la pena escuchar– y más abajo la letra, completa (nunca se canta completa; le sugiero que vaya leyéndola a la par del cantor), y luego señalaré cuáles son las burradas más habituales que están desparramando los ‘genios’.
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MILONGA DE DON NICANOR PAREDES
Venga un rasgueo y ahora,
No lo vi rígido y muerto
El bigote un poco gris
El cuchillo de esa muerte
Del atrio, más bien. Fue caudillo,
Lacia y dura la melena
Entre sus hombres había
Cuando entre esa gente mala
Varón de ánimo parejo
Sabía contar sucedidos,
Ahora está muerto y con él
Ahora está muerto y me digo:
(Fuente: J. L. BORGES, Obras completas).
Cuando aparece la letra transcripta, en la segunda estrofa suele faltar un verso: ni siquiera lo vi enfermo, lo cual descompone esa estrofa, entre otros motivos porque enfermo está allí para rimar con Palermo.
Pero la perlita la colocan sobre los versos finales, tanto en las versiones escritas como en las cantadas.
En fin, espero haber echado algo de luz sobre el tema (y que a alguno le sirva lo dicho).
Aclaraciones para los lectores
La milonga de Borges describe a un prototipo de argentino de otra época: el guapo o caudillo, que entre otras cosas gustaba de los juegos en que se podía apostar dinero.
En la segunda estrofa dice: lo veo con paso firme / pisar su feudo, Palermo y esto hace alusión a que el hombre era burrero –aficionado a las carreras de caballos–, cosa que se deduce de que su feudo fuera la zona de Palermo, donde por la época a que se refiere la milonga existían varios hipódromos (ya lo he comentado) y también se corrían carreras cuadreras.
Pero el hombre de la milonga tenía otras aficiones: la taba –que se juega con un hueso del mismo nombre–, y también el truco –juego de cartas de cuyos lances ya hice mención más arriba–.
Luego, dos de las pasiones de don Nicanor Paredes –los caballos y el truco– dan el remate a la milonga, cuando el autor se pregunta: ¿qué hará usted don Nicanor, / en un cielo sin caballos, / ni envido, retruco y flor?
miércoles, 5 de noviembre de 2008
Tinta roja, de Cátulo Castillo (con audio)
En la Argentina, es más fácil juntar agua con un coladero que encontrar fuentes fidedignas con letras de tangos.
Libros que reúnen letras hay, y muchos, pero pareciera que sus autores/recopiladores compiten para ver quién logra ser más descuidado.
Y no hablemos de los sitios de tango de la web, porque no he podido descubrir uno solo donde las transcripciones sean confiables (además de que copian unos de otros –entiéndase: copiar/pegar– y se desparraman las imprecisiones).
Libros y sitios de internet tienen muchas veces errores tan groseros que hacen que las letras pierdan su sentido. Quienes las transcriben de manera tan desprolija e irrespetuosa, me producen verdadero asco.
Acepto que un cantor cambie alguna palabra por otra, porque la “siente” más o mejor, o simplemente porque se olvidó la letra y se vio obligado a reemplazarla para poder seguir; pero me molesta –mucho– cuando cambian un término por otro cualquiera, que no tiene sentido allí.
Eso es una falta de respeto (con ellos mismos –que poco importa–, con el autor del tema y con el público); pero lo hacen.
Si el texto les resulta difícil, mejor sería que no trataran de cantarlo.
Sin embargo, lo que más me indigna y no estoy dispuesta a admitir, de ninguna manera, es que cuando se transcriben letras se lo haga “más o menos”.
Eso solo podría aceptárselo a “Minguito Tinguitella”, pero su autor, Carlos Altavista, murió hace tiempo.
(Para quienes no lo saben: Altavista era un actor “cómico” argentino que había creado un personaje, “Minguito”, arquetipo del argentino de clase media/baja, mediante el cual realizaba una mordaz parodia y que, cuando sus interlocutores le corregían sus equivocaciones, se defendía diciendo “sé igual” –es decir, “es igual”; el personaje imitaba las actitudes y la manera de hablar de sus parodiados–).
Volvamos a las transcripciones, que yo insisto en que es bueno y deseable que sean lo más exactas posible. Esto, no por capricho o intransigencia de mi parte, sino para que puedan conservarse con su calidad original y para que, aun con el correr del tiempo, los mensajes se entiendan.
Por eso me estoy dedicando a transcribir en este espacio-blog (en notas separadas) algunas letras de tangos y milongas (las que más que gustan a mí), asegurándome en cuanto es posible que estoy muy próxima a la versión del autor.
Sin embargo, muchas veces tengo problemas para encontrar esos textos ‘verdaderos’ (los que escribieron sus autores), pues, como digo al comienzo, en el país del tango no es fácil hallar una fuente confiable (y no voy a copiar lo que dice José Gobello, por favor, ¡ni la Virgen quiera!).
Y también es verdad que hay letras más ‘complicadas’ que otras. La de “Tinta roja” es una de ellas.
Por eso, en esta nota me ocupo de “Tinta Roja” –de Cátulo Castillo, con música de Sebastián Piana– cuya letra es bien difícil, en especial en la primera estrofa, y cada uno la copia y la canta diferente, de manera tal que ya no se sabe qué quiere decir exactamente.
Luego, si alguien llega a conocer el tango a través de esas versiones, pues está muerto, jamás lo va a entender.
En mi afán de subsanar ese problema, he consultado una treintena de libros con letras de tangos y he comprobado que todos difieren.
Luego he tratado de consultar los originales, pero todavía no pude acceder a ellos (ya llegará el día – y tal vez tendré que modificar esta nota).
Al fin, llegué a la conclusión de que la única forma de acercarse a la letra original es escuchando la versión del estreno, que a mi juicio es la única fidedigna, y tratando de entender el sentido.
“Tinta roja” fue estrenado por Francisco Fiorentino y Aníbal Troilo –“Pichuco”– y su orquesta, en 1941.
Fiorentino tiene una dicción casi perfecta, pero, por desgracia, no lo canta completo.
Transcribo esa versión, y le agrego los versos que Fiorentino no canta, tomados de la fuente que juzgué más atinada.
He escrito los versos de tal manera que permitan captar el sentido más fácilmente (en general se los transcribe con las pausas que hacen los cantores, que además remarcan con acentos algunas palabras -porque lo requiere la música-, y eso dificulta la comprensión).
Pero antes de copiar la letra le “pego” aquí el audio de Fiorentino/Pichuco.
Si usted desconoce la letra de “Tinta roja”, le sugiero que ponga el audio y vaya leyéndola a la par del cantor.
Espero, sinceramente, que lo disfrute.
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TINTA ROJA
Paredón,
tinta roja en el gris del ayer...
Tu emoción de ladrillo feliz
sobre mi callejón
con un borrón pintó la esquina...
…y al botón que en el ancho de la noche
puso al filo de la ronda como un broche...
…y aquel buzón carmín,
…y aquel fondín donde lloraba el tano
su rubio amor lejano que mojaba con bon vin.
¿Dónde estará mi arrabal?
¿Quién se robó mi niñez?
¿En qué rincón, luna mía,
volcás como entonces tu clara alegría?
Veredas que yo pisé,
malevos que ya no son,
bajo tu cielo de raso
trasnocha un pedazo de mi corazón.
Paredón,
tinta roja en el gris del ayer...
Borbotón de mi sangre infeliz
que vertí en el malvón
de aquel balcón que la escondía...
Yo no sé
si fue el negro de mis penas
o fue el rojo de tus venas mi sangría...
porque llegó y se fue tras del carmín
y el gris fondín lejano,
donde lloraba el tano sus nostalgias de bon vin.
(Destaqué en rojo tres palabras que casi invariablemente son mal cantadas y mal transcriptas, y así contribuyen a que no se entienda la letra).
sábado, 1 de noviembre de 2008
EL TÍTERE – Borges/Piazzolla/Rivero (con audio)
Aquí voy a referirme a dos cuestiones que aparecen en el texto y voy a comenzar por la que está en segundo lugar, es decir, voy a comenzar por el final –como corresponde, bah–.
Para que pueda “seguirme” fácilmente, al final de esta nota va a encontrar la grabación (una joyita) y la letra completa.
Primera observación:
La penúltima estrofa, la que comienza “Ni la cuerpeada ni el grito…” y que Rivero canta, no figura en las Obras Completas de Borges, sin embargo es de él, y lo digo por dos razones: cualquiera que haya leído a Borges puede reconocerle el estilo, y además, como queda dicho en la nota anterior, Borges asistió a la grabación del disco que contiene esa milonga, y no puede suponerse que si la estrofa no era de su autoría hubiera permitido que se la agregara.
Segunda observación:
En el prólogo de Para las Seis Cuerdas dice Borges: “He querido eludir … el manejo sistemático del lunfardo, que infunde un aire artificioso a las sencillas coplas”.
Pues bien, he escuchado cien veces esta milonga y siempre pensé que “garifo”, que aparece en el tercer verso de la tercera estrofa, era lunfardo. Hasta que un día se me ocurrió consultar el diccionario de la R.A.E. (que, por cierto, no muerde) y vea con qué me encontré:
garifo remite a jarifo y
jarifo viene del ár. hisp. šaríf, y este del ár. clás. šarif, noble, y –tal como lo sugiere el texto de Borges– significa “rozagante, vistoso, bien compuesto o adornado”. (Cualquier asociación con Michael Shalhoub, es decir, con Omar Sharif… seguramente es atinada).
Es todo, por ahora. Aquí le adjunto grabación de “El títere”, por Edmundo Rivero/Ástor Piazzolla y debajo le transcribo la letra completa de la milonga, por si quiere ir siguiendo al cantor.
Espero que lo disfrute…
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EL TÍTERE
A un compadrito le canto
Atildado en el vestir,
Como luz para el manejo
Bailarín y jugador,
A las pardas zaguaneras
El hombre, según se sabe,
Un balazo lo tumbó
J.L. Borges
Para las Seis Cuerdas – J.L.Borges
Milonga de dos hermanos
En el prólogo dice:
"Toda lectura implica una colaboración y casi una complicidad. En el Fausto, debemos admitir que un gaucho pueda seguir el argumento de una opera cantada en un idioma que no conoce; en el Martín Fierro, un vaivén de bravatas y de quejumbres, justificadas por el propósito político de la obra, pero del todo ajenas a la índole sufrida de los paisanos y a los precavidos modales del payador.
En el modesto caso de mis milongas, el lector debe suplir la música ausente por la imagen de un hombre que canturrea, en el umbral de su zaguán o en un almacén, acompañándose con la guitarra. La mano se demora en las cuerdas y las palabras cuentan menos que los acordes.
He querido eludir la sensiblería del inconsolable "tango-canción" y el manejo sistemático del lunfardo, que infunde un aire artificioso a las sencillas coplas.
Compuestas hacia mil ochocientos noventa y tantos, estas milongas hubieran sido ingenuas y bravas; ahora son meras elegías.
Que yo sepa, ninguna otra aclaración requieren estos versos.
J.L.B.
Buenos Aires, junio de 1965."
Dice Borges que “el lector debe suplir la música ausente por la imagen de un hombre que canturrea”, sin embargo, poco tiempo después –ese mismo año– algunas de esas milongas fueron musicalizadas:
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Casi con seguridad, es muy difícil conseguir ese disco de vinilo, pero actualmente existe al menos una versión en CD, titulada “El tango” que incluye tres tangos (“El tango”, “Alguien le dice al tango”, y “Oda íntima a Buenos Aires”), una suite (“El hombre de la esquina rosada”), y tres milongas (“Jacinto Chiclana”, “El títere”, y “A don Nicanor Paredes”).
En notas separadas voy a ocuparme de esas milongas, que fueron cantadas por Edmundo Rivero –incluyendo los archivos de audio–.
Agradezco al periodista argentino Juan Carlos Ocaña que subió a la red esos archivos (están en el sitio http://www.esnips.com/).
jueves, 23 de octubre de 2008
El lunfardo y el vesre - El ciruja (con audio)
Todos sabemos que en la lengua existen los regionalismos, que son palabras o giros privativos de un lugar, formas propias de una región para llamar a ciertas cosas; ejemplos: la persona que maneja un autobús en Argentina es el “chofer” y en México es el “mótorman”; un café con una pizca de leche en Argentina es “un cortado” y en Colombia es “un perico”; un café (puro) en Argentina es “un café” y en Colombia es “un tinto”, pero en Argentina “un tinto” es un vino... y así.
Bueno, el lunfardo y el vesre también son privativos de una región, la del Río de la Plata, pero no tienen nada que ver con los regionalismos mencionados arriba.
El lunfardo es un lenguaje que se construye con idéntica estructura que el idioma español, pero que tiene un léxico propio.
Nació como germanía, es decir, como una jerga de ladrones y rufianes, que inventaban palabras precisamente para hablar entre ellos y que no los entendieran, muy especialmente la cana, la yuta, los tiras, es decir, la policía.
Luego su uso se extendió entre las personas de clase baja de la ciudad de Buenos Aires y sus alrededores; y con el tiempo parte de sus vocablos y locuciones se introdujeron en la lengua popular y se difundieron en el español de la Argentina y el Uruguay.
Además, es muy usado en letras de canciones populares, por ejemplo, “El Ciruja”, un tango de 1926 (escrito por Francisco Alfredo Marino y musicalizado por Ernesto de la Cruz) está lleno de expresiones en lunfardo.
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Dice:
Recordaba aquellas horas de garufa,
Era un mosaico diquero
Frente a frente, dando muestras de coraje,
Hoy, ya libre'e la gayola y sin la mina,
Gardel cambia un poco la letra y en lugar de "Era un mosaico diquero" dice "Era una paica papusa" (una mujer joven y hermosa), cuyo sentido es parecido, no igual.
Claro que si usted no conoce este particular modo de hablar del Río de la Plata, seguramente se quedó sin entender demasiado… y es comprensible; sin embargo, no voy a traducirlo porque sería un sinsentido, un absurdo: tendría que explicar el significado de casi todas las palabras y la letra perdería su gracia.
(Aunque a veces me levanto casi buena, así que si necesita saber qué quiere decir algún término o cuál es el sentido de alguna estrofa, tal vez podría explicarle…).
Otra cosa es HABLAR AL VESRE
Y lo que es mejor, uno/a puede poner al vesre casi cualquier palabra que se le ocurra, y su interlocutor entenderá cuál es la palabra invertida, aunque no la haya oído nunca en esa forma.
El vesre está generalizado en la lengua popular de la Argentina, pero solo consta en diccionarios temáticos, por ejemplo: de lunfardo, y esto es así porque, como dije antes, es común entremezclarlo con el lunfardo.
No he de afirmar aquí que se trata de un recurso retórico porque los catedráticos me saltarían encima, tal vez; pero por sus características es una figura de dicción, que consiste en hablar o escribir reordenando las sílabas de las palabras; ejemplos: gomía (amigo), trompa (patrón), dolape (pelado).
También puede formar plurales; ejemplo: timbo -s (botín -es); y a veces agrega o pierde sonidos; ejemplos: garpar (pagar), yotivenco (conventillo).
Una muestra de su uso: el tango “Qué querés con ese loro”, de 1928 (con letra de Manuel Romero y música de Enrique Delfino), en el que una mujer le protesta a un hombre que la abandonó porque se encamotó por una mina fea (en lunfardo: un loro), dice por ahí:
Te has agenciao
Es decir: "te conseguiste una flaca con un perfil de caballo".
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Se dice que Jacinto Benavente le preguntó a Gardel si el lunfardo era el lenguaje habitual en la ciudad, y que el mudo, mezclando el vesre con el lunfardo, le habría respondido:Mire, don Jacinto: en el trocén no tanto, pero en los riobas hay cada orre que chamuya al vesre que no lo embroca ni Mandrake.
Y esto sí se lo voy a traducir, porque si usted no es de estos pagos (del Río de la Plata, digo) a estas alturas va a formular erróneas estimaciones sobre la moralidad de mi mamá, y eso no estaría bien. Así, para evitarle malos pensamientos, aquí va:
"Mire, don Jacinto: en el centro no tanto, pero en los barrios hay cada reo que chamuya al revés que no lo embroca ni Mandrake."
Donde reo está usado en su acepción lunfarda: algo así como vago, pícaro, sinvergüenza; y chamuyar y embrocar, estas sí palabras lunfardas, significan respectivamente hablar y entender.
Nótese además la formación de los plurales.
En el ejemplo, riobas es el plural de barrios, pero al invertir las sílabas la ‘s’ pasa al final.
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Por último, la caricatura de Gardel con la bandera argentina pertenece a Hermenegildo Sábat, excelente dibujante uruguayo.
Pero si uruguayos y argentinos quieren seguir discutiendo cuál era la nacionalidad del Zorzal (pues ambos pueblos se la disputan), allá ellos.
Personalmente, afirmo que es una cuestión sin importancia, porque Gardel es un clásico, y los clásicos son universales.
domingo, 28 de septiembre de 2008
Tango para Libertad - ¿Artes plásticas?
La cosa fue por Manhattan No hubo muchacha más guapa...
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Conocí mejores días
Hoy nacionalizo empresas,
Bs. As., septiembre de 2008.Mi agradecimiento a Carlos Bahr y Roberto Garza, autores de “Soledad la de Barracas” (tango 1945).
sábado, 10 de mayo de 2008
La Biblia junto al calefón
UNA HISTORIA DE LA VIDA COTIDIANA
He aquí la historia de un hecho de la vida cotidiana, que acontecía en la ciudad de Buenos Aires –no sé si en otros lugares pasaba o no–, y que explica el porqué de la aparentemente surrealista asociación de la Biblia junto al calefón que aparece en el tango "Cambalache", cuyas letra y música fueron compuestas por Enrique Santos Discépolo en 1935.
La historia tiene relación con los baños, la higiene personal y la forma de realizarla; y como no se me escapa que algunos lectores pueden ser jóvenes y pueden no haber conocido otro tipo de baños que los que se estila usar en la actualidad al menos en el mundo occidental y cristiano, voy a recordar primero un par de datos que considero necesario sean tenidos en cuenta.
Los baños que conocemos y que en algunos lugares son llamados 'completos', es decir, los que constan como mínimo de retrete inodoro, lavabo y ducha (algunos exquisitos, como la i responsable que escribe, exigen que además tenga bidet –artefacto desconocido en muchos sitios–) son relativamente nuevos.
Hasta finales del siglo XIX se utilizaban bacinillas (también llamadas ‘tazas de noche’), cuyos contenidos eran arrojados por las ventanas al grito de 'agua va'; y antes aún, letrinas, que solían estar en los fondos de las casas.
En Buenos Aires coexistieron bacinillas y letrinas hasta principios del siglo XX, época en que las familias ‘acomodadas’ comenzaron a instalar baños.
Luego el uso de baños se generalizó y se empezó a construirlos en todas las viviendas, aun en las más modestas. El sencillo 'miniambiente' constaba al menos de retrete y lavabo y si los lujuriosos dueños de casa gustaban de practicar la morisca costumbre de lavarse todo el cuerpo más o menos seguido, y si además tenían medios económicos suficientes como para costearse ese capricho, los baños también tenían una ducha. Claro, si había una ducha era necesario calentar el agua, así que al lado de la ducha se instalaba un calefón.
Sin embargo, el papel higiénico tardó en obtener su carta de ciudadanía para poder trabajar en limpio en estas sucias tierras y aun cuando apareció era bastante caro y no estaba al alcance de todas las familias, las cuales se veían obligadas a utilizar para esos fines sanitarios el vulgar papel de diario o, en su defecto, cualquier otro.
Por supuesto, eran muy estimados los papeles más sedosos, así que los sufridos usuarios trataban de conseguir en las verdulerías y fruterías los papeles con los que venían envueltas las manzanas y otros productos de campo.
Otro muy apreciado era el llamado ‘papel biblia’, especialmente delgado y suave.
Ahora bien, ya por entonces existía la Sociedad Bíblica, una de cuyas misiones parece ser la de difundir la Biblia protestante, para lo cual regalaba ejemplares del sagrado libro –en la actualidad, lo sigue haciendo–.
Pues, muchos de los habitantes de Buenos Aires deben de haber parecido devotos creyentes, ya que aceptaban de continuo esas gentilezas.
LA BIBLIA Y EL CALEFÓN
En este hecho se habría inspirado Enrique Santos Discépolo para decir con elegancia propia de un grande:
Igual que en la vidriera
irrespetuosa
de los cambalaches
se ha mezclao la vida,
Y HERIDA POR UN SABLE SIN REMACHE
VES LLORAR LA BIBLIA
JUNTO AL CALEFÓN.
jueves, 28 de febrero de 2008
Qué es LA QUINTA DEL ÑATO
Esto se preguntaba la editora i reponsable y hurgó por distintos diccionarios (de lunfardo y de voces argentinas) hasta que, uniendo cabos, concluyó:
Porque una quinta es –entre otras cosas– un lugar para descansar, o de reposo; y ñata es una manera popular de llamarle a la calavera, que carece de nariz.
De manera que la quinta del ñato es el lugar de descanso de la calavera.
Y como esto resultó muy fácil de deducir y a la i responsable le sobró tiempo, decidió buscar para los estimados lectores una milonga que solía cantar Edmundo Rivero, cuya letra pertenece al gran Borges y cuya música, a Astor Piazzolla, y que les reproduce a continuación, para que vean que el Maestro no siempre escribía en difícil y además tenía un fino sentido del humor. Aquí va:
EL TÍTERE

A un compadrito le canto
que era el patrón y el ornato
de las casas menos santas
del barrio de Triunvirato.
Atildado en el vestir,
medio mandón en el trato;
negro el chambergo y la ropa,
negro el charol del zapato.
Como luz para el manejo
le firmaba un garabato
en la cara al más garifo,
de un solo brinco, a lo gato.
Bailarín y jugador,
no sé si chino o mulato,
lo mimaba el conventillo,
que hoy se llama inquilinato.
A las pardas zaguaneras
no les resultaba ingrato
el amor de ese valiente,
que les dio tan buenos ratos.
El hombre, según se sabe,
tiene firmado un contrato
con la muerte. En cada esquina
lo anda acechando el mal rato.
Un balazo lo tumbó
en Thames y Triunvirato;
se mudó a un barrio vecino,
el de la Quinta del Ñato.
J.L. Borges
COMENTARIOS DE LOS LECTORES
Sra. Editora:
Muy bien logrado el clima funebrero; sobre todo conmueve la familiaridad de la Redacción con la trucha de la parca (cariñosamente y con respeto, por las dudas). No deja de ser auspicioso y plausible el esfuerzo de la i responsable por acercarse al habla canora del Río de la Plata.
Acudir a Borges, Piazzolla, y Rivero no es poca cosa, y merece destacarse.
Humildemente me permito una breve relación con la quinta del ñato. Existe en lunfardo -podría decirse que existía, pues hoy ya casi no se usa- otra expresión para llamar a las necrópolis, y es la casa del pueblo, aludiendo tal vez a que allí vamos todos, desde los paquetes habitantes del Barrio Norte, hasta los trasnochados porteños de Enrique González Tuñón en Camas desde un peso (Salud, poeta !!!).
Como verá, tanta poesía ‘me pudo’ y hoy me permito un descanso en mi inveterado hábito de destilar veneno.
Cordialmente,
El Alacrán.
sábado, 16 de febrero de 2008
La calle Blandengues
Una calle que barrió el progreso
y tuvo que mudarse a otro barrio
-responsable ideológico: el Alacrán-
Si usted cree que blandengue es algo blando de aspecto poco grato, está en lo cierto, y si cree que se le llama así a una persona debilucha, también. Es de notar que, a pesar de lo sospechoso del término, no es lunfardo ni lenguaje de la calle, sino correcto castellano.

Pero además Blandengues era el nombre de un batallón de soldados (en su origen, armados con lanzas), que defendían a Buenos Aires de los indios.
Y su nombre formó parte de las calles del Bajo Belgrano, junto con otros que aún hoy recuerdan a batallones de la primera época de nuestra historia:
Cazadores – Artilleros – Montañeses – Dragones
– Migueletes – Arribeños – Miñones – Húsares
Todos ellos subsistieron, pero a Blandengues, que era la calle principal, la que concentraba el movimiento de la zona, la barrieron del plano de Belgrano: desapareció cuando ensancharon la Avda. del Libertador.
Tan característica era, que fue elegida como emblemática del barrio por Francisco García Jiménez, autor del tango “Bajo Belgrano”:
Calle Blandengues, donde se asoma
la morochita linda y gentil...
El tango, escrito en 1926, tiene música de Anselmo Aieta, y fue grabado por Carlos Gardel el 17 de diciembre de ese mismo año.
Pobres Blandengues. A pesar de sus muchos servicios a la patria, en nombre del Libertador los desalojaron de Belgrano y tuvieron que mudarse a otro barrio.
Ahora los Blandengues residen en un pasaje de una cuadra de extensión que está en Barracas al Sur, cerca de la estación de cargas Buenos Aires y próximo a la sede del Club Barracas Central.
Con todo respeto por esos patriotas y por sus nuevos vecinos:
¡No es lo mismo ser profundo que haberse venido abajo!
